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miércoles, 13 de junio de 2012

Maravillas del Norte: desde Arica a San Pedro de Atacama


Sin ninguna duda, el verano europeo es la mejor época para visitar el Norte de Chile. El país se encuentra sumido en pleno invierno y las temperaturas son ideales para visitar el Altiplano o el Desierto de Atacama, el más árido, y mágico, del mundo. Desde la ciudad costera de Arica pasando el Altiplano hasta el animado San Pedro de Atacama, este recorrido por una de las zonas más desconocidas y a la vez más bellas de Chile es un conjunto de experiencias realmente fuera de serie.

Arica es la primera ciudad al norte de Chile; la ciudad de la eterna primavera: unos 17° todo el año –aunque geográficamente se encuentra en una zona tropical su clima es templado y con mínimos cambios. Uno de los lugares más secos del mundo, la ciudad se sitúa en la desembocadura de los valles de Azapa y Lluta, y solo existe un río, el Lluta, que llega al mar con muy escaso caudal. Las playas de Arica son de lo mejor, tanto por temperatura como por oleaje, y permiten practicar surf e incluso nadar de noche.

El turismo de aventura y el cultural son fundamentales en Arica, y es que se trata de un punto de partida ideal para adentrarse en el Altiplano. Por ejemplo, se puede visitar la zona del Parque Nacional Lauca y el Lago Chungará, una de las más bellas de Sudamérica. Clasificado como Reserva Mundial de la Biosfera, el parque abarca casi 138 mil hectáreas y comprende la precordillera y el altiplano del extremo noreste de la región de Tarapacá. Entre sus principales atractivos se encuentra el maravilloso Lago Chungará, ubicado a 4.517m de altitud –uno de los más altos del mundo. Tampoco se puede desaprovechar la oportunidad de visitar el Museo Arqueológico de San Miguel de Azapa, a unos 12 km de Arica, testimonio de las huellas que incas y tiawanaku dejaron sobre los primeros habitantes, y cuyas momias chinchorro son más antiguas que las de Egipto.

Antes de llegar al lago se puede visitar Parinacota y sus bofedales, que se alimentan de la laguna Cotacotani, y donde por la mañana es posible ver "desayunar" a la fauna local. Al fondo, los Nevados Payachatas, formados por los volcanes gemelos Pomerape y Parinacota, de más de 6.500 m, ofrecen una buena idea de la espectacular escenografía de la región. Pájaros tagua-tagua, vizcachas, vicuñas, flamencos y grandes rebaños de llamas y alpacas habitan estas tierras.

Descendiendo por el Altiplano se llega a la apasionante ciudad de Iquique, destino que sabe vivir, que encanta con su hotelería, playas y viajes a oasis y centros termales. Desde aquí uno puede aventurarse en el Parque Nacional Volcán Isluga, a 4.000 metros de altitud, ubicado casi en el límite con Bolivia y cerca del poblado de Colchane.  Y a 45 km al sur de Iquique se encuentran las oficinas salitreras Santiago Humberstone y Santa Laura, construidas en medio del desierto más árido del mundo y declaradas Patrimonio de la Humanidad por laUNESCO en el año 2005. También es una bonita excursión la que conduce hasta el pueblo de Mamiña con sus termas curativas.

Siguiendo la ruta hacia el Sur por el Norte de Chile se llega a uno de los puntos más destacados de cualquier viaje por estas latitudes: San Pedro de Atacama, un bello pueblo indígena hoy dedicado a la agricultura y, sobre todo, al turismo. San Pedro de Atacama es la base perfecta desde donde explorar la zona, con una excelente infraestructura turística y una gran variedad de ofertas en hospedaje, restaurantes y servicios. Sin duda, los géiseres de El Tatio y el Valle de la Luna son algunas de las excursiones más espectaculares, pero este desierto esconde tantas otras atracciones como para garantizar varios días de experiencias inolvidables.

El Salar de Atacama, a sólo una hora hacia el sur de San Pedro (55 km por la Ruta 27), es el más grande de Chile. El salar se ubica en la Reserva Nacional Los Flamencos y se conforma de dos secciones: Tara y Aguas Calientes; la primera declarada "humedal de importancia internacional", debido en parte a que es el hábitat del flamenco andino y el flamenco chileno. Las termas de Puritama, que brotan a unos placenteros 25-30ºC, son el mejor remedio para quitar todo el frío del invierno. A tan sólo 30 km del pueblo, estas termas son el paseo ideal para recuperarse tras una madrugada en los géiseres de El Tatio.

El río más largo de Chile, el Loa, serpentea a través del desierto más árido del mundo, como si fuera una sonda de salvamento que proporciona el agua a agricultores y especies nativas. Existen muchos servicios que ofrecen la oportunidad de explorar el área a caballo, con rangos de tiempo que varían desde unas horas a varios días. Hay que mantenerse atento a los geoglifos presentes en la zona, así como a las raras e icónicas especies que la habitan, como la vizcacha, la chinchilla y la alpaca.

Las visitas arqueológicas a la aldea fantasma de Tulor significan un viaje de miles de años al pasado del desierto de Atacama, a la época de las sociedades preincaicas que construyeron sus casas en estas áridas tierras. La aldea de Tulor fue descubierta hace menos de cien años, enterrada bajo las arenas del desierto, a unos 10 km de San Pedro, y las investigaciones arqueológicas en curso han descubierto lo que estiman es sólo el 4% de los restos originales, el cual está disponible y abierto para todo público.

Cualquier visita al desierto de Atacama estaría incompleta si no se realiza el simple acto de mirar hacia arriba. Estos cielos nocturnos atraen a astrónomos de todo el mundo para estudiar el nacimiento de galaxias y la muerte de estrellas, pero un aficionado puede disfrutar también de una noche de observación del firmamento sin la necesidad de un telescopio. A sólo diez minutos de la ciudad se puede vivir toda una experiencia cósmica. Además, los guías pueden ayudar a observar las constelaciones del hemisferio sur, así como diversos detalles astronómicos, desde los cráteres de la luna hasta los anillos de Saturno, e incluso indicios de otras galaxias.

En cualquier caso, el Norte de Chile, desde Arica a San Pedro de Atacama, supone una multitud de experiencias verdaderamente apasionantes.
 
Fuente: Interface Tourism - Turismo Chile

miércoles, 25 de abril de 2012

5 motivos para viajar a Panamá este verano


Kilómetros de hermosas playas paradisíacas, enclaves naturales aún por descubrir y una obra de arte de la ingeniería son sólo algunos de los atractivos que el país esconde…

Panamá se ha convertido este 2012 en un destino de moda. Su riqueza y variedad cultural, la fauna y flora autóctona, la diversidad de paisajes y de posibilidades que ofrece el país para todo tipos de turistas y presupuestos, lo convierten en un destino con un enorme magnetismo y repleto de secretos que descubrir. Amanecer en un océano y anochecer en el otro, pasear por un “desierto” en un país tropical o visitar una de las mayores obras de ingeniería del mundo, el Canal de Panamá, son solo algunos de los atractivos que ofrece Panamá.

1. Hoy en el Pacífico, Mañana en el Caribe
Aguas cristalinas, arrecifes de coral, miles de especies submarinas o disfrutar del amanecer en el Pacífico y del ocaso en el Caribe. El Istmo de Panamá tiene una superficie de 75.517 km2 y cientos de kilómetros de playa tanto en la costa Pacífica con en el mar Caribe. En la Costa del Pacífico, apenas a una hora de Ciudad de Panamá, se encuentra una espectacular serie de playas: Punta Chame, Gorgona, Coronado, Río Mar, Santa Clara y Playa Blanca, muy populares entre los turistas. Y para aquellos que buscan una experiencia aun más especial, el Archipiélago de las Perlas es un auténtico paraíso y un remanso de paz, apenas a 50km de la costa.

Fortificaciones con historias de piratas; islas casi vírgenes habitadas por comunidades indígenas; archipiélagos paradisíacos, como Bocas del Toro, caracterizado por su colorida arquitectura de casas de madera, amplios porches y palafitos levantados sobre el mar; la región del Caribe es también un escenario totalmente fuera de serie.

2. Naturaleza vibrante y en estado puro
La isla de Coiba, en el Pacífico, forma parte de uno de los parques marinos más extensos del mundo –Panamá ha declarado el 37% de su territorio como reserva natural reconocido como Patrimonio dela Humanidad por la UNESCO. Su aislamiento geográfico ha hecho que este destino se encuentre prácticamente virgen, tanto sus bosques como su fondo marino. Una jornada en la isla es un placer para los viajeros más aventureros. Aquellos que quieran sorprenderse, no deben dejar de visitar el Parque Nacional de Sarigua, en la península de Azuero, que ha experimentado un proceso de salinización que hace que tenga un aspecto desértico. Asentamiento precolombino con 11.000 años de antigüedad, hoy acoge una exótica flora y fauna de pequeños mamíferos, reptiles, anfibios y aves migratorias.

En la parte norte del país, en Chiriquí, y tras una emocionante caminata de ascenso, es posible contemplar, desde los 3.500mts de altura del Volcán Barú, los dos océanos que bañan Panamá: el Atlántico y el Pacífico. En las Tierras Altas hay cafetales, campos de hortalizas y paisajes extraordinarios. El volcán Barú se encuentra dentro del Parque Nacional del mismo nombre, y es poseedor de una biodiversidad única en el mundo.

A tan sólo dos horas de Ciudad de Panamá se encuentra el Valle de Antón, en la provincia central de Coclé, considerado como el lugar de la eterna primavera. Se trata de un paradisíaco lugar con un clima agradable, donde los amantes del senderismo encontrarán todo tipo de posibilidades, vegetación exuberante, abundantes cascadas y singulares especies endémicas, como las ranas doradas o los árboles cuadrados. El Valle es el cráter de un volcán extinto, razón por la que en sus alrededores hay una gran cantidad de colinas y rocas volcánicas.

3. Conexiones aéreas
Su ubicación en el continente americano ha hecho de Panamá la mayor plataforma de conectividad aérea de América, con más de 60 vuelos directos a todo el continente, pero también con Europa. Iberia, KLM, Avianca, Condor, Delta, United… hasta una decena de compañías aéreas unen España con el país latinoamericano durante todo el año; vuelos directos o con escalas, para todos los bolsillos.

4. Multiculturalidad y hospitalidad
Mezcla de pueblos, Panamá es un crisol de culturas. Africanos, europeos, mestizos, mulatos y hasta siete grupos indígenas que aún mantienen su lengua y costumbres: los Gunas (en San Blas, Caribe), los Embera y Wounaan (Provincia de Darién), Ngobe y Bugle (en Chiriquí, Bocas del Toro y Veraguas) y los Teribes y Bokotas (Bocas del Toro). Artesanías, telas, esculturas, música y gastronomía autóctonas son la tarjeta de presentación de un país que recibe al turista con los brazos abiertos.
 
5. Ciudad de Panamá
La Ciudad de Panamá, ejemplo del desarrollo que ha experimentado el país en los últimos años, ha sido catalogada por la revista The Economist como la quinta ciudad más económica del mundo, un destino de compras único repleto de tiendas en centros comerciales donde encontrar todo tipo de artículos para todos los bolsillos. A esto hay que sumar el desarrollo urbanístico de la ciudad, un skyline digno de admirar y una amplia oferta hotelera de lujo con representación de las principales cadenas hoteleras internacionales. Y todo muy cerca de una obra de arte de la ingeniería mundial, el Canal de Panamá, que además se encuentra en proceso de ampliación. Así, en 2014 el famoso canal tendrá su tercer juego de esclusas, que permitirá el paso de los grandes buques portacontenedores “Post Panamax”, que no pueden ingresar a las cámaras de las antiguas esclusas, operativas desde 1914.

Otro de los grandes atractivos en Ciudad de Panamá es el Museo de la Biodiversidad. Se trata de una obra del arquitecto Frank Gehry –la primera en América Latina–, joya arquitectónica a punto de ser concluida, para la que se ha empleado la misma tecnología que para el diseño del famoso Nido de las Olimpiadas de Pekín. Panamá Puente de Vida: Museo de Biodiversidad, es una singular obra arquitectónica que entrelaza el conocimiento científico y la creación artística para expresar el significado que el surgimiento del Istmo de Panamá ha tenido sobre la vida en el planeta.

En cualquier caso, Panamá es un destino que tiene mucho que ofrecer­, para todos los gustos y para todos los bolsillos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Gastronomía chilena, un placer para los sentidos


De norte a sur, a través de sus casi i4500 kilómetros de longitud –sin contar territorios isleños–, Chile es una magnífica y diversa “despensa natural”, desde lo más tradicional hasta las opciones más elaboradas, ideal para los paladares más exigentes. Más aún, la diversidad climática del país otorga un marcado carácter diferenciador entre una región u otra.

A lo largo de toda la costa chilena se pueden encontrar ricos productos del mar: congrio, corvina, mero, reineta, salmón… que se sirven en platos como el  caldillo de congrio, congrio frito, corvina al horno con salsa de mariscos, salmón con alcaparras, además de todo tipo de mariscos, como jaibas, erizos, machas, ostiones, choritos (mejillones), en diferentes preparados.

Arica, Iquique, las playas de Copiapó, La Serena, Valparaíso, Concón, Algarrobo, Valdivia, Angelmó (Puerto Montt) y en Chiloé… localidades costeras en donde se puede disfrutar de los sabores del már. Y más allá,  en la Isla de Pascua, la gastronomía  se luce con sus pescados polinésicos.

En la zona norte, la cocina típica se ha influenciado por las culturas atacameñas y aymaras, del altiplano andino, y por los changos, pueblo pesquero de la costa. El norte también es rico en pescados y mariscos. En sus valles más fértiles, como el de Azapa, en las cercanías de Arica, se producen frutas tropicales como la guayaba, y también aceitunas, con las que pequeños productores fabrican aceite de oliva.

En los valles del interior de Copiapó, La Serena y Ovalle se cultivan vides que producen vinos y piscos reconocidos internacionalmente por su calidad, además de frutas, como la papaya, y verduras, como espárragos, alcachofas y tomates. La uva de mesa de estos valles se exporta a muchos países del hemisferio norte y Sudamérica.

Por su parte, la zona central ofrece en su gastronomía las costumbres de los campesinos o "huasos" y de los inmigrantes europeos. Las empanadas (de carne, queso o mariscos), el pastel de choclo, las humitas y el caldillo de congrio, porotos granados, las longanizas y diversos platos con carne de vacuno o cerdo, son platos típicos de la zona.

En las grandes ciudades se ha desarrollado, durante los últimos años, una amplia oferta de fina gastronomía, creada con productos típicos de Chile, especialmente en Santiago, Valparaíso, Viña del Mar y sus playas cercanas, y en  Santa Cruz, en el Valle de Colchagua. Además, en esta zona se encuentran los mejores valles vitivinícolas del país, como Aconcagua, Casablanca, San Antonio-Leyda, Maipo, Cachapoal, Curicó y Maule, famosos a nivel mundial por la calidad de sus vinos y espumantes –que se pueden degustar en las diversas rutas del vino.

En ciudades como Valdivia, Osorno, Puerto Varas, Frutillar y Puerto Octay esperan las exquisiteces de la repostería alemana, tradición que viene de los colonizadores que llegaron a esta zona en el siglo XIX.

En la zona sur, fuertemente influenciada por la cocina mapuche y chilota, se caracteriza por sus variedades de papas y productos marinos. Famosas son las longanizas de Chillán, mientras exquisitos pescados y mariscos se pueden probar en ciudades como Concepción y sus caletas cercanas, en Valdivia y Puerto Montt. También en Valdivia, Osorno, Puerto Varas y Puerto Montt se comen ricos platos y sándwiches de carne de cerdo y embutidos hechos con recetas alemanas traídas por los colonizadores. La repostería del sur, también de raíces alemanas, es la reina en Frutillar, aunque también abunda en Valdivia, Osorno, Puerto Varas y Puerto Montt.

En Chiloé, el plato estrella es el curanto, cocimiento de mariscos, carnes y papas que se prepara en olla o directamente en la tierra, dentro de un hoyo cubierto con piedras calientes y hojas de nalca. Se acompaña con milcaos y chapaleles. También en las cercanías de Puerto Montt y en Chiloé se pueden comer ostras recién sacadas del mar.

Más al sur, en la Patagonia, se puede disfrutar de carnes de animales no tradicionales, como el jabalí y la avestruz, el famoso cordero asado al palo y las centollas. En la región, lo más típico, y también lo más codiciado, es el célebre cordero magallánico, preparado "al palo", y la centolla, mientras que en Isla de Pascua se lucen exquisitos pescados de la Polinesia y en las islas Robinson Crusoe (archipiélago de Juan Fernández), las langostas.

La variedad y la calidad de la gastronomía chilena es garantía de una experiencia culinaria excepcional. Tradicional o de vanguardia, en la mesa destacan los vinos, pero también los productos ancestrales, los ingredientes y las formas de los inmigrantes, la nueva cocina… un crisol de sabores y productos que supone un verdadero placer para los sentidos. ¡Buen provecho!

jueves, 17 de noviembre de 2011

“Turismo Consciente” para Galápagos


Con la intención de proteger la singular flora y fauna regional, a partir del 1 de Febrero de 2012 se aplicarán las nuevas normas para las rutas y frecuencias de viaje de los cruceros que visitan el archipiélago de las Islas Galápagos, en Ecuador.


El nuevo reglamento del Parque Nacional exige a los tour operadores que operan cruceros en las islas Galápagos la puesta en marcha de itinerarios de 14 noches con la premisa de no visitar dos veces el mismo lugar durante ese periodo (aparte de la Estación de Investigación Charles Darwin en la isla Santa Cruz). Los itinerarios de 14 noches pueden estar divididos en un máximo de 4 segmentos. Por lo tanto, la duración de los cruceros no está limitada a 4 días, como se comunicó inicialmente, y los touroperadores pueden continuar ofreciendo  tours de más de cuatro días, con varios barcos ofreciendo cruceros de 7 noches. Gracias a la posibilidad de combinar varios tours, los turistas pueden estar todo el tiempo que deseen en las islas Galápagos –o tanto como su visado se lo permita.

La nueva regulación insta a los touroperadores a incluir el aeropuerto de Isla San Cristobal en sus itinerarios de 14 noches. De este modo, se libera tráfico del aeropuerto de la Isla Baltra, y se distribuye mejor el flujo de visitantes en el archipiélago. Así, lugares que antes no eran visitados ahora se incluyen en los itinerarios de los touroperadores, asegurando experiencias más íntimas para todos. Cabe destacar que esto no implica que se dé acceso a nuevas atracciones o nuevas islas en el archipiélago, como se dijo en un comunicado previo.

Como parte de esta actualización de la regulación del Parque Natural, las autoridades han mejorado las zonas en las que realizar actividades en algunas de las islas; se ha revisado el tamaño de los barcos que pueden visitar ciertas islas; y se han mejorado los senderos en diversos lugares.

La nueva regulación permitirá además reducir el consumo de combustible de los barcos gracias a itinerarios designados de un modo más inteligente, reduciendo del mismo modo el impacto de carbono producido por el turismo en el archipiélago. 

En cualquier caso, se trata de un esfuerzo más que loable en torno a la protección de tan frágil e invaluable tesoro natural de Ecuador